miércoles, 25 de febrero de 2015

Semana 8.

El reto de esta semana es de Trece, que propuso escribir una historia contada a través de los años.

¡A trabajar!

domingo, 22 de febrero de 2015

Noche de viernes.


Era de la noche, no recuerdo bien la hora pero ya estaba bien entrada la madrugada. No hacía frío a pesar de ser finales de febrero, o al menos yo no tenía frío. Estaba tirada en el suelo, juegueteando con los cordones de mis viejas botas negras. Sonaba algo de los Sex Pistols de fondo y la gente a mi alrededor bailaba y gritaba, todos ellos borrachos como cubas. Hacía pocos minutos yo había sido una de ellos, pero estaba algo cansada, así que simplemente me recosté sobre una pared llena de pintadas que estaba alejada. De repente, vi como alguien venía en mi dirección. No le podía ver bien la cara, no sé si era producto del alcohol o de la oscuridad de aquel callejón. Se acercó unos metros más. Se recostó allí, a mi lado, con su camiseta de Nirvana y su sonrisa torcida, heroína en vena y vodka en mano. Giró su cabeza hacia mí, me miró y me ofreció un trago. Acepté sin mirarle e incliné la botella sobre mis labios. Cuando se la devolví me tomé unos segundos para observarlo mejor. Verdaderamente parecía sacado de mitad de un concierto de grunge. Él, sin mirarme y centrándose en el cigarrillo que acaba de encender, intentó agarrar la botella sin éxito. Con algo parecido a un gruñido, giró la cabeza y fijó sus azulísimos e hinchados ojos en mí, analizándome. Para finalizar, estos se posaron los míos. Con aquella mirada lo supe todo: la muerte acababa de mirarme directamente a los ojos.

sábado, 21 de febrero de 2015

Muerte emocional.

Daba vueltas y tú me observabas,
hipnotizado, como si yo fuera algo
infinito, lejano e intocable.

Yo bailaba, feliz, o creyendo que lo era,
y es que por entonces Tristeza
no se había instalado entre mis costillas.

Y fue ese trece de diciembre el que hizo que el compás dejara de marcar el ritmo, la melodía cesara y yo cayera en el vacío.

Tú, desde arriba, me miraste,
y con aquella mirada lo supe todo:
La Muerte acababa de mirarme
directamente a los ojos.

Entonces yo dejé de sonreír y vivir,
porque la paz se había vuelto
Caos y este, ruina.

Empecé a consumirme y a llevar el trece tatuado en el Corazón que deshojaste y acabó en un "nunca te quise".

Destrocé cada uno de los vinilos
que me unían a ti pero mis
Demonios siguieron sin dar tregua;
por lo que acabé encendiendo
las luces de emergencia y tomando
la vía de escape, desangrándome
a cada verso.

Siendo sincera, aún no consigo
siquiera difuminar
tu tatuaje emocional.

He muerto.

-L, @tintayversos.



martes, 17 de febrero de 2015

Semana 7.

¡Buenas a todos!

¡Ya tenemos la frase de esta semana! Y es...

"Con aquella mirada lo supe todo: la muerte acababa de mirarme directamente a los ojos."

¡Todo el mundo en marcha!

domingo, 15 de febrero de 2015

Si es por voces, moriremos de ruido

Los versos se han convertido en la única medida de mi vida. Ya no vivo de día ni vivo de noche, no vivo. Tengo la sensación de que los cuentos han acabado comiéndose a sus personajes, como si la narración sola hubiese decidido que no quiere tener a nadie más.
Los títulos apenas tienen significado, son una gran tontería y la mayor mentira que puede llevar algo puesto. Las palabras son únicamente conjuntos aleatorios de letras inventadas a las que damos un significado material en cada lenguaje, están tan vacías como… como yo.
¿Escribir? ¡Ya no sé a qué se refieren las personas cuando usan ese verbo! Yo nunca he escrito; se acaso relataba, contaba, exponía, soñaba, viajaba, expulsaba, sanaba...
¿Y ahora? Ahora no hago nada de eso, ¡menuda pérdida de tiempo!
Me desangro. Sí,me desangro. En cada verso, en cada estrofa, en cada poema y en cada firma, me desangro, desgarro esa parte de mí que aún no se ha roto y dejo un cachito de ella en mi arte.
Estoy mejor desprendiéndome de las cosas, tanto materiales como emocionales, así significan menos y no me puede doler si las pierdo eternamente.
Son tontería tras tontería las que me hacen perder la cabeza, nada pesa y todo me aplasta. Una majadería, una locura, un huracán arrasador sin sentido.
Las venas no me aguantan más la presión y las lágrimas y me veo obligado a cortarlas con los folios de papel donde quedan en forma de poemas, escritos con tinta negra y con una pluma de punta rota. Lo hago con la esperanza de librarme del dolor y del llanto, pero no sale nada. Siento que mi cuerpo es nulo y que no tiene intención de colaborar.
¿Y vivir? ¡Por favor! Eso sí que es una auténtica locura: yo sobrevivo; entre libros tan desgastados como yo, tan rotos como mi corazón, tan devastados como mi cerebro y tan cargados de emociones como yo. Me duele ya la cabeza de tanto café, me va a explotar... Los pensamientos y las voces nunca cesan, nunca se detienen, mantienen el eco de sus recuerdos rondando alrededor de mí a todas horas, todas las semanas.


Basta de lamentos y sollozos silenciosos. Es hora de llevar a cabo mi rutinaria catarsis personal.
Le coloco un nuevo cartucho de tinta a mi pluma y abro mi libreta.
Si es por voces, moriremos de ruido, escribo el título del poema y me pierdo, me rompo en los versos.

Canciones frustradas en los balcones.


No hacía falta ser un gran letrista para escribir aquella canción. Total, no iba a llegar muy lejos, aunque tampoco lo deseaba ya que sólo la escribía con el objetivo de desahogarse, de sentirse mejor (aunque dudaba que lo consiguiese). Desde el balcón, guitarra en mano, cigarrillo en boca y whisky en la mesa, observaba a la gente pasar como todos los días. Monotonía. Sí, ese podría ser un buen título. Ella era monótona. Él era monótono. Todo era monótono. ¿Por qué lo era? No tenía ni la más mínima idea, pero aquello se había convertido en rutina y su recuerdo la perseguía. ¿Cómo le podía decir a alguien que temía a la monotonía tanto como temía al cambio? ¿Cómo podía romper esa muralla, que le costó tanto años contruir, para expresar sus miedos? Simplemente no podía. No podía volver a aquella tarde de abril, donde empezó el principio del fin. No podía volver a aquel Madrid que no era ni demasiado frío, ni demasiado caluroso. No podía volver a aquella rutina, ¡eso era todo un cambio!
Desechó esos pensamientos, al fin y al cabo eran basura. Eran la misma mierda de siempre. Tal vez por eso sus canciones no llegaban demasiado lejos, siempre iban a raíz de ellos.
Cansada de oírse a sí misma, buscó una radio y algún CD cualquiera. Lo puso a todo volumen y, con la voz del gran Robe y su “Salir”, una sonrisa apareció en sus labios, cantando y recordando como él lo había hecho meses atrás.
Lo último que dijo antes de ahogarse en un mar de acordes fue un “Viejo rockero, me gusta verte cantar”.


_s0ldeinvierno

viernes, 13 de febrero de 2015

jueves, 12 de febrero de 2015

Semana 6.

¡Hola!
¡Ya estamos de vuelta!
Esta semana hemos decidido escribir sobre artistas y secretos.
¡No puedo contaros más, el domingo descubriréis todo!

jueves, 5 de febrero de 2015

Semana 5.

¡Hola!
Lo sentimos mucho, pero esta semana no hemos podido desarrollar ninguna idea por falta de tiempo. Intentaremos desarrollar algo este fin de semana, pero no es seguro.
Lo que si aseguramos es que volveremos la semana que viene.
¡Gracias por leernos!

domingo, 1 de febrero de 2015

Sylvia (personaje)

Le gustaba recoger piedrecitas blancas de la playa, y oler la brisa marina que inundaba el aire. Se detenía a observar con sus grandes y atentos ojos negros cómo una pequeña mariposa se posaba en una flor diminuta para luego levantar el vuelo y marcharse de forma graciosa y ágil. Coleccionaba fotografías instantáneas de sus largos paseos por los jardines en flor. Le gustaba ir a las estaciones de tren más transitadas, y observar desde un banco las despedidas y los encuentros de las familias separadas, de las parejas ilusionadas y enamoradas, o de viejos amigos que ansiaban reunirse de nuevo. Tenía debilidad por los gatos negros, esos de las que la gente huye, aterrados por la mala suerte que los envuelve. Ella se acercaba y pasaba la mano por su suave lomo, mientras ellos ronroneaban, agradecidos de ser apreciados por una vez. Se sentaba a menudo cerca de un pequeño parque, donde un anciano ciego tocaba el acordeón, guiándose sólo por el tacto de sus dedos. A menudo, tomaba autobuses aleatorios, y sólo miraba por la ventanilla y observaba cómo el mundo giraba. Sobre todo los días lluviosos, en los que las pequeñas gotas de lluvia corrían por el cristal,  y ella seguía con la mirada, hasta que se estrellaban contra el filo del vidrio. Le gustaba el té a las cinco y media de la tarde, cuando el sol iluminaba las flores de los almendros cercanos a su casa. Era una chica solitaria, observadora y callada. Una chica que vagaba por el mundo bajo un largo abrigo rojo, armada con un pequeño cuaderno de cuero y una pluma de tinta azul. Su nombre era Sylvia, y entre todos los rostros serios que recorrían las calles, su pequeña y tímida sonrisa se abría paso, casi inadvertida.

Se llamaba Sylvia. Era una chica única, una incomprendida.

¡Malditos jóvenes!

Malditos jóvenes. ¡Se creen que saben de la vida! Por favor...
-S'il vous plait! -les grito. La pareja que está junto a mí, me mira extrañada y dejan de hablar.
Ojalá se cosan la boca y se callen.
Este país parece una broma pesada constante que nunca llega a su fin... Realmente insoportable.
Quiero que anuncien ya mi parada para bajarme de este tren infernal y dejar de tener el culo tan caliente por el asiento; quiero ver a Raquel, mi hija, ya mismo.
-Ma fille, ma fille... -murmuro. Los jóvenes vuelven a mirarme extrañados y me abstengo de gritarles otra vez.
Una voz incomprensible dice algo por el altavoz y resuena por todo el vagón. ¡El servicio es indecente! En Francia, las voces se dejan entender, ¡por favor! Voy a mandar unas cuantas quejas a esta línea, seguro que resulta constructivo para estos españoles...
El viaje sigue pasando, los jóvenes se van y viene otro par, muy parecidos y muy diferentes a los anteriores.
-Ma puce, ma vie... -sigo murmurando. ¿Cómo es posible que tardemos tanto en llegar?
Las paradas se difuminan ante mí, las puertas se abren y se cierran tantas veces que, sin darme cuenta, estamos en el final de la línea y unos señores me obligan a moverme, me levantan de mi asiento y me sacan al andén a la fuerza.
-Singes, maudits singes!! -les grito, retorciéndome.
Sinceramente, no sé dónde me han hecho acabar.
-Chico... -me acerco a un chico sin arrugas en la cara-, ¿en dónde estamos? -pregunto.
Mantenemos una conversación sobre sitios de la zona, yo intento pronunciar los nombres que les debió poner un joven ágil en la palabra y mi interlocutor trata de descifrar a lo que me refiero hasta que consigue hacerme entender en dónde estamos y dónde está la parada en la que debí haberme bajado.
-Está en la otra punta de la ciudad, señora.
¿¡EN LA OTRA PUNTA DE LA CIUDAD!?
¿Voy a tener que aguantar más jóvenes? ¿De nuevo?
¡Es la última vez que pienso hablar con muchachos! ¡Y la última que vuelvo a este sitio! ¡Malditos jóvenes! Raquel debería empezar a venir a verme, que ya es mayorcita.

Él. (Parte II)


Mila sabía que él la observaba.
Le había sido imposible ignorar su ensortijada melena anaranjada, sus ojos grandes y verde siguiendo sus movimientos.
A Mila no le gustaba que la observasen, pero aquellos ojos no mostraban malicia, sino curiosidad y admiración, por lo que no le importaba que él lo hiciera.
Notaba como él se volvía cada vez que ella pasaba cerca, como observaba cauteloso cada uno de sus gestos.
Parecía ser que era el único que había notado su presencia.
Sin querer, a lo largo del tiempo, le había cogido cariño a esa mirada inocente, a esa mirada de niño.
¿Cómo era posible que la mirada de un chico de 17 años mostrara tanta ternura e ilusión?
Le había cogido cariño a aquella mirada que, sin haber hablado alguna vez con su dueño, conocía como si la hubiese estado viendo toda su vida.
Sabía cuando esa mirada escondía felicidad, sabía cuando escondía tristeza.
Y también sabía cuanto se alegraba de verla a ella dibujar en el aire y sonreír.
Por eso ella siempre lo hacía.
Porque, sin querer, aquellos ojos verdes se habían convertido en los únicos amigos que tenía en aquel caos llamado vida. 

Ella. (Parte I)


Sergio solía mirarla desde las sombras. ¿Cómo no se iba a quedar embobado? Era rara. Muy rara.

Su cabello, rubio pero con rastros de verde oscuro en él, contrastaba con su atuendo totalmente negro. Ella siempre iba con alguna falda larga y su bolso lleno de parches a todas partes. Ella siempre parecía tener prisa.
Era fácil encontrarla en el pequeño bosque que se encontraba tras el instituto. ¿Por qué allí? Fácil, a ella le gustaban los sitios sombríos, y allí los árboles no dejaban demasiado paso al Sol. Le gustaba sentarse sobre el césped a leer algo de Nietzsche y comer frambuesas. Ella siempre comía frambuesas.
Cuando no la encontraba en el bosque, Sergio sabía dónde encontrarla: en el taller, dibujando en el aire con sus dedos y haciendo hermosas grullas de papel.
La gente solía pensar que estaba loca, pero a él le gustaba verla hacer eso.
Ella siempre sonreía, pero sonreía con malicia y crueldad, porque así era ella. Fría y cruel.
Por eso él nunca se atrevió a cruzar una sola palabra con ella.

Sergio solía mirarla desde las sombras. ¿Cómo no se iba a quedar embobado? Era Mila.

jueves, 29 de enero de 2015

Personajes; X.

Este personaje ha sido creado con la tinta de A (@backtoimagine) y L (@tintayversos).


Precaución ante ella y sus ojos que gritan pertenecer a otro lugar.

Precaución.

Parece no pertenecer a este mundo con sus ojos que asimilan cambiar de color a cada nuevo vistazo que les dedicas.

Sí, precaución; su pelo indica que de este mismísimo mundo no es.

Pensarás: ¿Se parece al cielo azul?

Pero no, es como el mar en los días de Tormenta,

el mar cuando parece que llora

o el mismísimo cielo

al apagarse y dejar entrada

a la Noche.

 

Noche, como ella cuando se desliza

por tus pensamientos,

convirtiéndose en el sueño más temido

y la pesadilla más hermosa,

haciéndote creer que algún día será tuya.

 

Pero X nunca tuvo dueño.

 

X pende de un hilo sin colgarse de

las agujas del asfixiante Tiempo que

constituye el mundo.

Pende de una cuerda atada al cielo

y pisa este mundo procurando

no dejar mucha huella.

 

Cree que, si deja huella, algún día

acabará atándose;

y ella no quiere atarse,

porque atarse es asfixiarse,

perderse y olvidarse.

 

Y así, enamorarte de ella

es caminar por la cuerda floja,

saltar sin paracaídas y tener

fe ciega en el Amor,

ya que en cualquier momento

puede escaparse y dejarte a ti

con la cuerda al cuello

y un millón de versos que jamás

serán leídos.

 

Y entonces fingirá que nunca ha arañado

tu Alma con su mirada felina, que nunca

se desabrochó todas las dudas

para rozarte.

 

No, no te enamores de X,

 

X algún día se irá,

pero ella antes

que todos los demás.

 

Y así fue cómo me enamoré de ella.

 

La Tormenta que se derrama por

su espalda hasta llegar a las

caderas formaba un sinuoso río

en el que quería ahogarme.

 

El azul de su pelo contrastaba con

la palidez de su serpenteante cuerpo

haciendo que aquello pareciese

un fondo de cielo azul con nubes

esparcidas por él (y por mí).

 

El rojo de sus labios

que pedían a gritos ser besados,

aunque creo que, más bien,

las ganas procedían

de mis entrañas.


X siempre fue el personaje

del que no debí enamorarme;

y, finalmente, lo que no debes hacer

acaba siendo lo que realizas.

martes, 27 de enero de 2015

Semana 4.

El reto de esta semana ha sido propuesto por Alicia y consiste en definir a un personaje a través de una historia.

¡A trabajar!

domingo, 25 de enero de 2015

De nuevo


Ella había decidido mirar al futuro.
(Sí, aunque no fuera fácil, aunque no estaba segura de ser capaz.)
Y su habitación estaba ahora inundada de marcos vacíos. Ya no había recuerdos, ni escalofríos ni lágrimas traidoras (de aquellas que deciden aparecer en los peores momentos). Había decidido que todo lo que habría iban a ser nuevas expectativas y sueños por cumplir.

La luz se filtraba por las cortinas escarlatas como si tuviese la intención de advertir otro amanecer. Salir de casa después de tanto tiempo suponía volver a enfrentarse al mundo real y volver a escuchar la música de la calle, conversaciones sin sentido, coches, gritos, risas, todo repitiéndose otra y otra vez, cual disco rallado e incansable. Todo había vuelto a su cauce. Y suponía regresar a un mundo por descubrir.
Todo lo que ella veía, los callejones, los peatones, las flores en los balcones y las casas a medio pintar, pertenecían a nuevas fotografías en su mente. A nuevas imágenes capturadas y congeladas por y para ella; algunas borrosas, otras desenfocadas, sin tener en cuente la iluminación ni la belleza ni la composición. Eran, simplemente, instantes; nuevas vivencias que iban a reemplazar aquellas pasadas que, al sacarles el polvo, seguían doliendo. Nuevas sonrisas, nuevas miradas, hasta algunos brillantes ojos.

Todo era otro empezar.

Lau, @latedawns_

Diario de sueños.

Nunca había sido capaz de imaginar que un diario pudiera acumular tantísimo polvo. ¡Quién lo diría! Ni pasando el dedo se ve el color original de la cubierta de cuero…
Sinceramente, espero que la bombilla que cuelga del techo siga funcionando un buen rato más, porque si revienta o se apaga, me da algo. Este desván es muy grande, no tiene ninguna pared divisoria, sólo trastos viejos y… y una mísera bombilla colgando de un cable. Todos los trastos inservibles que han pasado por la puerta principal de esta casa han acabado aquí arriba: tocadiscos rotos, sofás agujereados, estanterías desiguales… y mi viejo diario de sueños.
Bien pensado, mi viejo diario nunca fue nada inservible. No sé desde cuándo lo tengo pero si sé que lo utilicé mucho en su día. Es de cuero marrón oscuro y tiene una cinta para cerrarlo, en su interior hay trozos de páginas mal recortadas que antaño estuvieron vacías, las fui llenando noche a noche con una letra amorfa y tan desigual como las propias hojas. El diario acabó aquí arriba por culpa de mi madre, que estaba preocupada y no lo quería, lo escondió aquí arriba y jamás me pregunté por qué, hasta hoy.
Nunca antes he estado en este lugar, pero es tan espeluznante como lo imaginaba: hay dos ventanucos y parecen indicar, con el destello de la luz lunar, sitios claves de la madera del suelo, levantada y corroída, como en una película americana de misterio, las sábanas dan la sensación de moverse solas con un viento frío y prácticamente inexistente y absolutamente todo ha perdido el color a causa de la gorda capa de polvo que engulle cada centímetro cuadrado.
Céntrate, Mónica, has venido a revisar tu diario de sueños, no a respirar partículas de piel muerta, céntrate, céntrate repite una voz en mi cabeza.
Respiro hondo y cojo el cuaderno. Es hora de saber qué rondaba por mi cabeza hace unos años.
Nada más desenrollar el cordel que lo cierra, una foto revolotea hasta mis pies. Me agacho a recogerla y la inclino un poco para que le dé la luz y averiguar de qué se trata. Me quedo petrificada cuando lo veo: un bol, un saco de harina vacío al lado y unas pequeñas motas de este ingrediente en el bol.
Harina.
La palabra resuena una y otra vez en mi mente, y su significado en un sueño: siempre faltará lo esencial para vivir. Abro el diario y lo leo, asustada por mi propio subconsciente.
Y entonces entiendo por qué mi madre me apartó de esas páginas. Son todo pesadillas, en todas acababa desmembrada o abandonada, sola, magullada, aplastada, destrozada... ¿Cómo podía haber olvidado esto? Hacía tiempo que no recordaba mis sueños recientes, pero debería recordar los antiguos… ¿no?
Al acabar de descifrar mi letra nocturna atormentada por pesadillas, descubro que hay más fotos al final del diario, escondidas.
Cada una de ellas tiene un objeto con un malvado significado en los sueños: un helecho ardiendo (un encuentro que jamás llegará), anclas que no llegan al fondo del mar (incapacidad para encontrar tu lugar en la tierra), camas deshechas (insatisfacción con uno mismo), carteles de salida de emergencia apagados y rotos (no hay escapatoria)...
Y por último, un atrapasueños con un ojo en el centro. El ojo, la sensación de estar constantemente vigilados. Aunque no entiendo la maldad que puede haber en un atrapasueños, ¿qué hace junto a tantas fotos escalofriantes?
Ahora que me fijo bien, parece el atrapasueños que tenía antes, junto a mi cama. ¡Y que ha acabado aquí arriba, junto con este diario! Cómo lo echaba de menos…
Al cogerlo, siento un terrible mareo y me duele la cabeza horrores, la bombilla se apaga y la luna deja de brillar.



-Buenos días -dice mi madre a la vez que entra en mi habitación a subirme la persiana; ya ha salido el sol.
-Mamá, ¿que me ha pasado? -pregunto, rascándome la cabeza, dolorida. No recuerdo nada de anoche.
-Nada, cariño, nada -me da un beso en la frente y sale por la puerta. No la veo bien porque apenas hay luz pero juraría que llevaba una cámara y un atrapasueños en la mano.

Semana 3

¡Hola, hola! Esta semana hemos decidido variar y nuestras entradas girarán entorno de un concepto en lugar de girar entorno una frase.

Así hemos escogido escribir alrededor del concepto "fotos".

¡A trabajar!

Recuerdos efímeros.

Me gustaba amanecer a su lado.
Verla amanecer.
Era precioso (era preciosa).

Me gustaba para pasar con ella los días,
me gustaba para malgastar todas mis noches a su lado.
Me gustaba para crear una vida junto a ella.

Llegué a creer que todo aquello era real,
que era correspondido.
Llegué a crear que éramos eternos.

Se fue.
Se fue dejándome amaneciendo solo, 
malgastando mis días y mis noches con la soledad 
y dudando entre la realidad y la ficción.

Y, hoy, como cada noche,
intento recordarla con poco resultado.
Solo me queda esa foto,
esa foto de los dos.

Pero me sirve de poco,
no me sirve para recordar cómo olía su cuello,
para recordar el tacto de su piel erizada después de mis "te quiero"
o para recordar la calidez de su sonrisa que me desmontaba entero.

Bel, @burninglow_.

Sin título, porque nunca fuimos.

Aún me acuerdo del magnetismo
que cargaban tus ojos.

Tu risa, la melodía
que daba cuerda
a mi Caos.

A veces mi mente
juega con las manecillas
del reloj

y

Echo un vistazo a aquella
vez en la que
me sonrojé porque
tú me quisiste (besar).

Esa fotografía es quemada
una y otra vez, porque duele
más que ninguna.

Duele, porque no te importó.

Escuece, porque no te importa.

No cicatriza, porque no te importo.

¿Acaso alguna vez quisiste desgarrarte
o te atragantaste con esas famosas mariposas
de las que hablan?

Fue Amor en mi Corazón
distorsionado de recuerdos.